La llegada a Valls no podría haber sido más descorazonadora. A pesar de la famosa fogosidad de las catalanas, los lugares más pequeños como la localidad tarraconense de Valls no son propicios para pedir sexo a cambio de dinero y además con la idea de que luego lo vea toda España. Pero Jorge tiene recursos, y… ¿qué mejor que descubrir en una asistenta del hotel a una firme promesa del porno?









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